El Santo Entierro, alma de la Semana Santa de Orihuela
La ciudad despliega un programa que culmina el
Sábado Santo, una cita marcada por la Diablesa,
el Cristo Yacente y el singular honor del Caballero Cubierto
Fuente: Diario Información. 27-03-2026 Miriam Vazquez
Hay ciudades que celebran la Semana Santa y hay otras que la viven como una parte esencial de su memoria, de su paisaje y de su forma de entenderse a sí mismas. Orihuela pertenece a ese segundo grupo. La Semana Santa en la capital de la Vega Baja es una tradición centenaria que forma parte de su identidad. Quien visita Orihuela en estos días comprende pronto que está ante una Semana Santa con personalidad propia.
El marco monumental de la ciudad, la importancia de sus cofradías, la calidad de su imaginería y la singularidad de algunas de sus procesiones convierten esta celebración en una experiencia que trasciende lo meramente ceremonial. A lo largo de toda la semana, Orihuela despliega además un programa que refleja la riqueza y variedad de su tradición pasional. Desde el Domingo de Ramos, con la bendición y solemne procesión de Las Palmas, hasta el Domingo de Resurrección, la ciudad encadena desfiles tan reconocibles como la procesión de La Mayordomía de Nuestra Señora de los Dolores, la del Santísimo Cristo de la Flagelación-Azotes, El Prendimiento, La Samaritana, El Perdón, Ecce Homo, la del Silencio, la del Santísimo Cristo de la Buena Muerte o la Procesión General de Viernes Santo, en la que participan cofradías, hermandades y mayordomías.
Todo ese itinerario de fe, historia y patrimonio desemboca en la tarde del sábado 4 de abril, cuando la procesión del Santo Entierro de Cristo volverá a ocupar un lugar central en la Semana Santa oriolana. Además, quienes no puedan presenciarla en la calle podrán seguirla desde casa a través del canal de YouTube del Ayuntamiento de Orihuela o en sus redes sociales.
El Santo Entierro, corazón del Sábado Santo
Si hay una procesión que resume de forma especialmente intensa ese carácter propio es la que tiene lugar en la tarde del Sábado Santo, conocida como la del Santo Entierro de Cristo. Con origen en el siglo XVII, esta procesión es la única organizada por el Ayuntamiento de Orihuela, constituye uno de los momentos más solemnes y representativos.
El cortejo comienza en la Iglesia Parroquial de las Santas Justa y Rufina, discurre por el itinerario tradicional que en Orihuela se conoce como «la vuelta a los puentes» y finaliza en la catedral. Ese recorrido no solo forma parte de la costumbre local, sino también de una manera muy concreta de entender la ciudad: una procesión que avanza por espacios
cargados de simbolismo, enlazando templos, calles, plazas y puentes en una secuencia que el pueblo oriolano reconoce como propia.
El privilegio del Caballero Cubierto
Pero si esta procesión puede definirse como única es, sobre todo, por contar con la participación del Caballero Cubierto, una de las figuras más singulares de toda la Semana Santa española y, sin duda, una de las imágenes más características de Orihuela.
El nombramiento es otorgado por el alcalde de la ciudad, y quien lo recibe adquiere un protagonismo excepcional dentro del cortejo del Santo Entierro. Entre los privilegios asociados a este honor destaca uno especialmente simbólico: el de recorrer cubierto el tramo de procesión que circula por el interior de la Catedral del Salvador y Santa María, en presencia del obispo de la Diócesis.
Ese momento resume como pocos la singularidad oriolana. La procesión del Santo Entierro no es solo una manifestación religiosa. Es también una expresión del vínculo entre la ciudad, sus instituciones y una tradición conservada durante siglos. La figura del Caballero Cubierto, con toda la fuerza simbólica que encierra, representa precisamente esa continuidad entre historia, honor y sentimiento colectivo.
Un cortejo de gran valor artístico
Junto a la singularidad institucional del Santo Entierro, la procesión destaca también por la calidad y el valor de la imaginería que puede contemplarse en sus calles. Se trata de un auténtico recorrido por la escultura religiosa, con obras que permiten apreciar distintas épocas, sensibilidades artísticas y formas de representar el dolor, la esperanza y el sentido de la Pasión.
Entre ellas se encuentra la talla de San Juan Evangelista, obra del siglo XVIII y de autor desconocido, una imagen que enlaza con la tradición escultórica de épocas anteriores y que aporta al conjunto ese poso histórico que tanto distingue a la Semana Santa oriolana. Junto a ella desfila una de las piezas más emblemáticas y reconocibles: El triunfo de la Cruz o la Diablesa, fechada en 1695 y realizada por Nicolás de Bussi. Pocas obras resumen tan bien la personalidad artística de Orihuela. La Diablesa no es solo una imagen célebre; es un símbolo de la ciudad, una pieza singularisima de la imaginería procesional española y una referencia inseparable del Santo Entierro.
El cortejo se completa con El Cristo Yacente, de 1942, obra de Séiquer Zanón, que desfila en urna de Balaguer, y con La Soledad, de 1954, realizada por Sánchez Lozano. Cada una de estas imágenes contribuye a dotar de profundidad estética y emocional a la procesión. No son únicamente pasos que avanzan por las calles; son obras que dialogan con la mirada del espectador, con la memoria colectiva y con la propia historia artística de la ciudad.
Fe, historia y patrimonio compartido
Hablar del Santo Entierro es, por tanto, hablar también del patrimonio de Orihuela. De una ciudad que ha sabido conservar y proyectar una Semana Santa en la que el arte ocupa un lugar central. Aquí, la emoción no nace solo del recogimiento o del silencio. Nace también de la contemplación de unas imágenes que forman parte del legado cultural oriolano y que convierten la procesión en una auténtica lección de historia viva.
Sin embargo, la grandeza de la Semana Santa de Orihuela no reside únicamente en la excepcionalidad de uno de sus desfiles. Su fuerza está en el conjunto. En esa sucesión de días en los que la ciudad se transforma y se reconoce en sus tradiciones. En la implicación de hermandades, cofradías, músicos, costaleros, nazarenos, autoridades y vecinos. En la capacidad de mantener viva una celebración que ha atravesado siglos sin perder su esencia.
Por eso, cuando se afirma que la Semana Santa forma parte de la identidad oriolana, no se recurre a una fórmula vacía. Se está describiendo una realidad visible en la calle y perceptible en el ambiente. Orihuela se expresa a través de su Semana Santa. Se muestra al visitante y se reafirma ante sí misma. En cada procesión late una historia compartida. En cada imagen hay una parte del patrimonio de todos. En cada edición se renueva una emoción que permanece.
Orihuela, una emoción que permanece
Esta Semana Santa, Orihuela te espera. Te espera con sus calles cargadas de historia, con sus procesiones solemnes, con su patrimonio único y con una emoción compartida que se reconoce en cada rincón del recorrido. Te espera con la singularidad del Santo Entierro de Cristo, con la presencia del Caballero Cubierto, con la belleza de sus imágenes y con la certeza de que aquí la tradición no se conserva como una pieza inmóvil, sino como una vivencia que sigue latiendo.Porque la Semana Santa de Orihuela no solo se contempla. Se siente. Se escucha. Se admira. Se recuerda. Y cuando termina, permanece.
Esta Semana Santa, Orihuela te espera. Te espera con sus calles cargadas de historia, con sus procesiones solemnes, con su patrimonio único y con una emoción compartida que se reconoce en cada rincón del recorrido. Te espera con la singularidad del Santo Entierro de Cristo, con la presencia del Caballero Cubierto, con la belleza de sus imágenes y con la certeza de que aquí la tradición no se conserva como una pieza inmóvil, sino como una vivencia que sigue latiendo.Porque la Semana Santa de Orihuela no solo se contempla. Se siente. Se escucha. Se admira. Se recuerda. Y cuando termina,permanece.